Miguel Armando Ubeto Aponte, de 49 años y natural de Caracas, viajó desde Trujillo para organizar ayuda en La Guaira tras los sismos del 24 de junio y comenzó a repartir suministros el 26 de junio.

El movimiento apenas se sintió donde estaba, pero dos minutos después recibió una llamada desde Caracas: su hijo, en el sector El Paraíso, avisó que los sismos habían golpeado con fuerza. A tres cuadras de su apartamento, un edificio se había desplomado por completo.

Desde ese instante decidió no quedarse de brazos cruzados. Emprendió el regreso por carretera y, antes de llegar a Caracas, hizo una parada en San Cristóbal. Allí, junto a otros deportistas, amigos y voluntarios, organizó una recolección rápida de insumos: medicinas, alimentos no perecederos, pañales y cientos de panes donados por una panadería, con los que llenaron la camioneta de la fundación.

Apenas amaneció el viernes 26 de junio ya estaban en La Guaira repartiendo comida y comenzando una labor que se extendería durante días.

“No hay palabras para explicar la magnitud de la catástrofe que estamos viviendo.”

Su memoria conserva imágenes nítidas: edificios hundidos sobre sí mismos, estructuras colapsadas como fichas de dominó y personas desesperadas pidiendo ayuda. Todo quedó grabado para siempre en su memoria.

La acción de Ubeto —partir de inmediato, organizar donaciones en ruta y distribuir suministros en la zona afectada— resume una respuesta ciudadana que se activó en las horas posteriores al sismo y que continuó en los días siguientes.