Cindy Johana Lizcano Ochoa murió tras recibir múltiples disparos mientras participaba en una caravana fúnebre en el barrio El Contento, en Cúcuta, cuando acompañaba el cuerpo de su amiga Nathalia Alarcón.

El ataque se produjo en medio del recorrido, en el que una multitud acompañaba la carroza fúnebre. La víctima, que viajaba como parrillera en una motocicleta, quedó tendida en el asfalto y falleció poco después de ser trasladada a un centro asistencial.

“Tuve que dejar a mi hijo en el cementerio y a él le tocó quedarse solito en el silencio”.

La frase, publicada por Lizcano en redes al despedir a otra persona cercana, contrasta con otro comentario que ella dejó en un video de Nathalia:

“Te amaré por el resto de mis días, pronto estaremos juntas de nuevo, fue nuestra promesa”.

Testigos relatan que un hombre vestido de negro, que se movilizaba en una motocicleta, sacó un arma y abrió fuego contra la mujer sin detenerse. Los disparos hicieron que Lizcano cayera hacia atrás sobre el pavimento; aún en el suelo, los agresores habrían continuado para asegurarse de acabar con su vida.

Según fuentes oficiales, varios proyectiles impactaron a la víctima y otros dos hirieron a personas que estaban cerca: una mujer con heridas en la pierna y el glúteo derechos y un hombre con lesiones en glúteo y rodilla derechos. Tras los hechos, el agresor se dio a la fuga.


Los tres lesionados fueron remitidos a la Unidad Básica Loma de Bolívar, donde la condición de Lizcano se reportó como crítica. Su corazón dejó de latir pocos minutos después de su ingreso y fue declarada muerta antes de las 3:30 de la tarde.

En la inspección técnica al cadáver, la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) constató que Lizcano portaba un brazalete de vigilancia electrónica del Inpec, pues cumplía una medida de prisión domiciliaria.


Su historial

La mujer había sido beneficiaria de prisión domiciliaria tras ser procesada por delitos que incluyen secuestro extorsivo agravado, porte de armas y hurto calificado y agravado. Las autoridades la vincularon, según la investigación, a una estructura conocida como Los Páez, dedicada a secuestros extorsivos y robos que habrían afectado a más de 25 personas.

Según la pesquisa, la organización utilizaba anuncios en redes para atraer víctimas con la venta simulada de vehículos; los interesados eran recogidos en la Terminal de Transportes o en el aeropuerto y conducidos a distintos puntos de la ciudad, donde eran retenidos y obligados a pagar rescates.

La caída del grupo comenzó a finales de abril de 2023, después de un secuestro que permitió identificar a varios implicados. Un mes más tarde se ejecutaron diez órdenes judiciales que terminaron con la captura de sus integrantes, y tiempo después varios de ellos, incluida Lizcano, obtuvieron la medida domiciliaria.

Las autoridades locales continúan las labores de inspección y recolección de pruebas para identificar y capturar a los responsables del homicidio, en tanto que la comunidad y los familiares demandan respuestas sobre el móvil del ataque y las condiciones de seguridad durante el sepelio.

La muerte de Lizcano añade un nuevo capítulo a la violencia que afecta a Cúcuta y reaviva el debate sobre la vigilancia y el seguimiento de personas que cumplen medidas restrictivas de libertad fuera de un establecimiento carcelario.