En el Catatumbo, Norte de Santander, los enfrentamientos entre grupos armados ilegales se han intensificado; el pasado domingo cuatro hombres fueron asesinados en la zona rural de El Zulia, hecho atribuido a las disidencias del frente 33 de las Farc, lo que alimenta el temor de que la violencia se desplace hacia Cúcuta y su área metropolitana.
A la ola de secuestros, extorsiones y ataques con drones que ya azotan a habitantes de la subregión se suma la disputa directa por el control territorial entre distintos grupos armados.
La escalada ha vuelto insoportable la vida de las comunidades y ha excedido la capacidad de respuesta de las autoridades locales, que manifiestan dificultad para contener la creciente ola de delitos.
Ante esta situación, el gobernador William Villamizar ha reconocido —según informes de defensores de derechos humanos— que el conflicto armado alcanza niveles inéditos en la historia reciente de Norte de Santander y expresó su profunda preocupación por la seguridad regional.
La combinación de violencia selectiva y disputa territorial aumenta la incertidumbre sobre la capacidad de las instituciones para proteger a la población y contener la expansión del conflicto hacia centros urbanos.
En ausencia de una contención efectiva, las comunidades del Catatumbo y del área metropolitana de Cúcuta permanecen en alerta por el riesgo de una mayor normalización de la violencia en la región.





