Cristian Hernando Herrera Nariño, de 50 años, dedicó su carrera a informar sobre hechos judiciales y de gran impacto en la capital de Norte de Santander; era habitual encontrarlo en las calles a la 1:00 de la madrugada en busca de la noticia.
Inició su oficio en La Opinión, en la sección Judicial, donde sus compañeros lo describían como un periodista incansable: insistente en la búsqueda de información y persistente hasta conseguir la nota y la fotografía que necesitaba.
Su trabajo se concentró en reportajes sobre casos judiciales, mafias, narcotráfico y bandas criminales, temáticas para las que no escondía su actitud confrontadora ante el riesgo y la amenaza.
“Si nos da miedo, mejor cambiemos de oficio”.
A finales de 2024, tras su paso por Q’hubo —medio del que fue director— y de su retiro de los periódicos mencionados, creó su propia página de noticias en redes sociales, desde la que continuó publicando investigaciones sobre el crimen organizado en la ciudad.
Su trabajo le valió reconocimientos y premios de periodismo, pero también recibió constantes amenazas que lo obligaron a permanecer escoltado. Hasta los últimos momentos en que permaneció con vida, su radar estuvo atento a hechos judiciales.
Sus colegas recuerdan a un reportero que no se detenía ante el riesgo y que entendía la profesión como una obligación de indagación y confrontación. Esa convicción marcó su trayectoria y la forma en que cubrió el delito y la justicia en la región.





