Margarita Eugenia Acevedo Meza, bailarina y maestra nacida en Cúcuta, falleció el pasado 25 de junio en esa ciudad a los 76 años; durante más de cinco décadas se dedicó a formar artistas y a impulsar el ballet como proyecto de vida para cientos de niñas y jóvenes de la región.

Su nombre quedó ligado al desarrollo cultural de Cúcuta: se presentó desde niña en escenarios de importancia nacional y, tras su formación, regresó a su tierra para fundar una escuela que transformó el panorama artístico de Norte de Santander.

Era hija del periodista José Gregorio Acevedo y de la pianista Ana Francisca Meza, en cuyo hogar el arte formó parte de la vida cotidiana y despertó en ella la curiosidad por la danza desde la infancia.

La disciplina, la elegancia y la delicadeza de sus movimientos la convirtieron en una de las bailarinas más destacadas de su generación. Entre sus compañeros era conocida como “Brazos Lindos”, un apodo que resumía la armonía de sus gestos sobre el escenario, y su extraordinaria flexibilidad despertaba admiración en quienes compartían sus clases.

Uno de los hitos de su carrera tuvo lugar cuando tenía apenas 12 años: se presentó por primera vez en el Teatro Colón de Bogotá, interpretando Las sílfides, una experiencia que mantuvo viva a lo largo de su vida.

"Fue impresionante porque era la primera vez que me presentaba en el Teatro Colón y fue una sensación indescriptible".

Aunque pudo continuar una carrera artística fuera de Cúcuta, optó por volver y dedicar su energía a la enseñanza. El afecto personal también influyó en esa decisión y en la orientación de su vida profesional.

"Me enamoré de un hombre maravilloso y un gran escritor, Guillermo Maldonado. Me casé, tuve mis tres hijos y me quedé con la enseñanza del ballet".

Su escuela fue semillero de talento: cientos de alumnos multiplicaron sus enseñanzas dentro y fuera del país, consolidando una red de profesionales que prolongó su influencia más allá de las fronteras regionales.

La huella de Margarita Acevedo queda en la escena cultural de Norte de Santander: no solo por sus actuaciones, sino por la obra pedagógica que permitió la continuidad y el crecimiento de la danza clásica en la región. Su legado perdura en las alumnas, los talleres y la escuela que impulsó, que siguen formando nuevas generaciones.