Cúcuta se transforma cada año entre julio y septiembre cuando los cerros que rodean la ciudad, la vía hacia Pamplona a la altura de Los Vados y La Garita, el sector de Las Lomas y el Anillo Vial Occidental se cubren durante veinte días de una intensa floración amarilla.

La protagonista de ese espectáculo es el cañaguate, Handroanthus chrysanthus, un árbol nativo del bosque seco tropical que por unas semanas domina el paisaje y se ha convertido en símbolo de la región.

Este año la aparición de la floración fue más tardía que en 2025, un retraso que, según los análisis climatológicos, guarda relación con el comportamiento de El Niño. Ese fenómeno, que el Ideam reportó como intensificado durante 2026, podría ser uno de los más fuertes desde 1950.

El ingeniero agrónomo Evaristo Alberto Carvajal Valderrama, profesor del área de morfología vegetal y botánica taxonómica en la Universidad Francisco de Paula Santander, explica que la fenología de especies como el cañaguate responde con sensibilidad a variaciones en temperatura y precipitación, por lo que sus ciclos de floración sirven como indicadores locales del clima.

La variación en el calendario de floración no es solo un fenómeno estético: ofrece una señal temprana sobre la dinámica climática en una región dependiente de ecosistemas secos. Seguir la respuesta de especies emblemáticas permite complementar los registros instrumentales y comprender mejor los efectos de episodios como El Niño en el territorio.