Desde hoy, La Opinión, Acento y Q'hubo aplican una política editorial común: no publicarán noticias sobre casos individuales de suicidio, salvo cuando exista un interés público evidente y la dirección editorial lo apruebe.

La revisión previa se hará conforme a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. La norma establece medidas concretas para minimizar riesgos asociados a la difusión informativa.

La política prohíbe describir el método o el lugar, usar imágenes o titulares sensacionalistas, y evitará reducir la decisión a una única causa. Además, exigirá incluir siempre información sobre dónde pedir ayuda y recursos de atención.


La decisión se fundamenta en evidencia científica. La OMS calcula que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo y advierte que la forma de informar puede inducir casos por imitación.

Una revisión sistemática publicada en The BMJ (2020) encontró que el riesgo de suicidio aumentó 13 % en los uno a dos meses posteriores a la difusión del suicidio de una persona conocida, y que los suicidios por el mismo método aumentaron 30 %. Ese conjunto de estudios documenta también el efecto contrario: el efecto Papageno, por el cual historias de superación y búsqueda de ayuda protegen a las audiencias.

Por eso, el espacio que antes ocupaba la crónica detallada de un caso lo ocupará la prevención. Los tres medios darán más relevancia a la salud mental y al amor propio entendido desde la psicología como autoestima y autocuidado.

La cobertura enfatizará señales de alerta, cómo hablar del tema en la familia y en el trabajo, dónde buscar atención y qué dice la investigación sobre el bienestar emocional. Cada pieza incluirá las líneas de atención disponibles y fuentes de ayuda verificables.

Este enfoque se inscribe en lo que denominaron Contenidos de valor: un periodismo que también se mide por lo que ayuda a prevenir, y que busca equilibrar el derecho a informar con la responsabilidad de proteger la salud pública.

No se trata de censura ni de silencio frente a un problema de salud pública, sino de una decisión editorial sobre cómo contarlo para reducir daños y servir mejor a la audiencia.