El domingo 11 de octubre de 2015, Gusmán Humberto Ramírez Angarita salió de su casa en Pedro María Ureña, estado Táchira (Venezuela), para trabajar como mototaxista y no volvió.

Hoy, exactamente 11 años después, su madre, Miriam del Carmen Angarita Ortega, de 68 años, todavía lo espera. De él solo conserva una pequeña fotografía rescatada de la billetera de su esposo; en esa imagen gastada apoya la esperanza de volver a abrazarlo.

"Mami, me voy a trabajar".

Gusmán tenía 27 años y era el cuarto de cinco hermanos: tres mujeres y dos hombres. Era un joven trabajador que llevaba varios años dedicado al mototaxismo, con el que se ganaba la vida en una ciudad fronteriza que entonces también era el hogar de su familia.

Los Ramírez Angarita son colombianos que habían vivido varios años en Ureña; la decisión de cruzar la frontera y establecerse allí estuvo relacionada con una situación económica que, en aquel momento, consideraban más estable.


Cuando Gusmán desapareció, la frontera entre Colombia y Venezuela atravesaba uno de sus momentos más tensos.

El 19 de agosto de 2015, Nicolás Maduro ordenó el cierre del paso fronterizo en el estado Táchira tras un ataque contra militares venezolanos. El Gobierno justificó la medida como parte de una ofensiva contra el contrabando y grupos armados en la zona.

Cuando Gusmán salió a trabajar aquel domingo de octubre habían pasado un mes y 22 días desde el cierre de la frontera.

La espera de su madre persiste como testimonio del caso: una fotografía y la memoria mantienen viva la búsqueda, mientras la desaparición permanece sin resolución.