Miguel Uribe fue víctima de un atentado el 7 de junio de 2025 en Colombia; un año después, su familia vive el duelo y persiste la incertidumbre sobre quién ordenó el ataque.

La viuda, María Claudia Tarazona, convive con la ausencia cotidiana y con preguntas que un niño no debería formular.

“¿Puedo visitar a mi papá en el cielo?”

El hijo menor, Alejandro, tenía cinco años el pasado noviembre. La foto del cumpleaños quedó congelada en la celebración donde su padre ya no apareció.

El 7 de junio desayunaron como de costumbre. Aquella mañana, Uribe —que hacía campaña para postularse como candidato presidencial del Centro Democrático— se despidió con la frase:

“En la noche nos vemos”.

Tras el atentado, pasó 65 días en un hospital resistiendo tras recibir un disparo en la cabeza. Al final no pudo participar en la contienda que buscaba.

Para Alejandro, las rutinas que compartía con su padre —lecciones de piano, canciones, lectura, el amor por los animales— quedaron interrumpidas. Esa cercanía previa hace más áspero el vacío actual.


Un año después, la familia sigue en duelo y con recuerdos que alternan la ternura y el desconcierto. En el plano público, permanece la pregunta sin respuesta sobre quién dio la orden del ataque, un vacío que agrava el dolor privado.