24 de agosto de 2026: se cumplen exactamente dos meses del doblete sísmico que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio, dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, separados por 39 segundos, con epicentros en Yaracuy y la costa de La Guaira.

Lo que quedó no es solo un paisaje de ruinas, sino también el retrato de un Estado con capacidad limitada para responder a la escala del desastre.


Las cifras oficiales de víctimas siguen subiendo, aunque a un ritmo más lento. El último balance elevó el número de fallecidos a 6.438, cifra que se aproxima a los 6.500 según reportes recientes.

Los heridos superan ampliamente los 16.000 según partes previos, y algunas estimaciones internacionales hablan de decenas de miles de personas atendidas. Los desaparecidos, que en los primeros días se cifraron en decenas de miles según la ONU, siguen sin un conteo transparente y definitivo.


La combinación de daños materiales masivos, cifras aún fragmentadas y una respuesta pública de alcance limitado plantea un desafío de largo plazo para la recuperación, la reconstrucción y la transparencia en la contabilización de víctimas.