Desde Puerto La Cruz, familiares intentan repatriar los cuerpos de los primos Domingo José Rasposo González y Jeferson Josué Cáceres González, asesinados en Pamplona, Norte de Santander la noche del 7 de octubre.

Domingo, conocido como Pollo, tenía 21 años y llevaba seis meses en la ciudad. Llegó junto con su pareja, quien actualmente cursa un avanzado estado de gestación, y trabajó primero como barbero y luego lavando vehículos.

La pareja relató que en los últimos días la estabilidad laboral de Domingo se había deteriorado y que, la noche del ataque, permanecían en la vivienda que habían arrendado en el sector El Buque, en Puente Angosto, cerca de la Universidad de Pamplona y de la vía nacional.


El primo, Jeferson, de 16 años, había llegado a Pamplona apenas dos semanas antes. Vivía en Cali con su padre y, por motivos que los familiares no precisan, se trasladó al departamento, donde alcanzó a trabajar en un par de ocasiones junto a Domingo.

Según los allegados, ambos jóvenes no registraban problemas con la justicia. En redes sociales circuló una fotografía de Jeferson sosteniendo lo que sería una pistola, y quienes lo conocían señalan que frecuentaba sitios de esparcimiento nocturno y era aficionado a la música electrónica afro.


La pareja contó que, cuando sintió los disparos, se asomó y encontró a los dos jóvenes tendidos y gravemente heridos. Jeferson murió en el lugar tras recibir un disparo en el pecho; Domingo fue trasladado a un centro asistencial y falleció horas después por un impacto de bala en el abdomen.

La mujer, con ocho meses de embarazo, narró que sacar a Domingo de la habitación fue especialmente difícil porque se encontraban en el piso más alto y los vecinos no quisieron ayudar a bajar al herido.

Las autoridades informaron tener material videográfico en el que se observaría al presunto responsable salir de la vivienda con un arma de fuego. Desde entonces se le busca, pero su paradero sigue sin establecerse y las razones detrás del doble homicidio permanecen en investigación.

Mientras tanto, los familiares recogen recursos para cubrir los gastos de repatriación: les esperan más de mil kilómetros de recorrido hasta Puerto La Cruz para dar sepultura a los jóvenes y despedirlos en su tierra natal.

El caso está bajo indagación y las autoridades no descartan hipótesis sobre los móviles del crimen; los parientes piden apoyo institucional para esclarecer los hechos y proceder con la repatriación.